CUCAMPC

SER ENFERMO ES MI ESPECIALIDAD
Ana Martínez

Vaya, ¿cómo empezar esto? Contar algo nada común sí que es difícil. Mi nombre es Amanda Benson, y esta es mi historia. La sociedad de hoy es una porquería, todos piensan que pueden hacer lo que quieren, sin afrontar las consecuencias. O que pueden arriesgarse sin recibir un castigo; pero, así como existen estas personas, también hay gente enferma que para estar bien realiza acciones no tan comunes…

     Cuando era pequeña a mis padres les gustaba que estuviera en colegio “de alto rango”, como a ellos les gustaba llamarlo. En ese colegio se encontraban los hijos de los más altos empresarios, y era algo extraño ver una persona que no perteneciera a nuestro estatus.

     A los pocos días de haber iniciado las clases llegó un niño algo tímido, nadie se le acercaba, y esto fue así porque llegó becado, lo cual quería decir que no tenía dinero. Nada de eso me importó para yo convertirme en su amiga. Mis amigos y compañeros nos veían mal, no se diga a mí; lamentablemente él se tuvo que ir a Estados Unidos indefinidamente, no sin antes jurarme que regresaría.

     Mi mejor amiga se llama Emily; ella sí que es lo mejor en todo; me saca de apuros en las materias, me ayuda a elegir ropa para mis citas y con mis padres para que me den permiso de ir a las fiestas. Llevamos cinco años de una amistad que no cambio por nada. Y así como tengo a mi mejor amiga, también tengo a mi mejor amigo, su nombre es Bruno. A diferencia de Emily, a él lo conozco desde que yo era casi una niña; con él compartí travesuras, regaños y hasta castigos. No tengo novio, si es lo que se preguntan. Me cansé de que siempre quieran lo mismo: atraparte con palabras dulces y de ahí a tirarte como basura cuando ya no les sirves.

     Curso quinto semestre, la carrera que elegí fue médico cirujano; desde pequeña me interesó cómo alguien entraba a un cuarto y operaba a las personas graves; eso fue lo que me impulsó a estudiar esa profesión. En fin, nuevo día, misma rutina: llegué a mi universidad y camino al salón, se escuchaban murmullos: al parecer una persona nueva iba a llegar. Como pertenezco al comité de bienvenida tendré que recibirlo, podría hacerlo alguien más, pero siempre soy yo, dicen que recibir a los nuevos es mi especialidad.

     —Hola Amanda, ¿qué haces? —llegó mi amiga Emily, dándome un beso en la mejilla, y sentándose a mi lado.

     —Termino el resumen del maestro Williams, ¿lo hiciste? — pregunté.

     —Casi, ¿me pasas lo último? — me hizo cara de súplica.

     —Claro, después de todo tú me sacas de muchos apuros — comenté, mientras le doy mi libreta.

     —¿Escuchaste los rumores? Al parecer llegará alguien nuevo —dijo sacando sus libros para comenzar sus apuntes.

     —Sí, tendré que recibirlo y mostrarle la universidad.

     El timbre sonó, el maestro llegó y todos entraron al salón; al final se veía a una persona con la mirada perdida, supongo es el nuevo. Se acercó a la puerta y tocó.

     —Amm... disculpe, ¿esta es la clase de farmacología? Soy nuevo —dijo parado en la puerta. Eso confirmó mi sospecha.

     —Soy el maestro Williams, ven y preséntate frente a los demás —contestó el profesor sentándose en su escritorio.

     Hubo algo que me inquietó, cuando cruzó la puerta, todos voltearon entre sí y comenzaron a murmurar cosas no tan agradables respecto a la persona. Y creo que él las notó porque se puso tenso.

     —Me llamo James Morgan, vengo de Kansas City, me cambiaron aquí por cuestiones personales, espero caerles bien y volverme su amigo —finalizó. Había algo en él que se me hace familiar.

     —Bien James, bienvenido a Monterrey, espero que esta universidad sea de su agrado, siéntate al lado de Amanda, ella te explicará y te mostrará todo.

     Se dirigió hacia el asiento de mi lado, lo miré y solo me sonrió. Insisto se me hacía familiar.

     La clase terminó, mientras guardando mis cosas Emily se adelantó a la cafetería, esa mujer jamás llena; sentí una mano en mi hombro, no sé qué me sucedió, pero todo mi cuerpo se estremeció. Voltee para saber quién era.

     —Oh, lo siento, ¿te asusté? —preguntó, apartando su mano. James.
     —No, no te preocupes, no fue nada —me tranquilicé.

     —Bueno, el maestro me dijo que me ibas a mostrar y (a) explicar todo lo de la universidad.

     —Ah sí, como quiera lo iba a hacer, soy parte del comité de bienvenida, y lo de recibir a los nuevos es lo mío, así que vamos.
Nos dirigimos hacia afuera para mostrarle la universidad.

     —Supongo que escuchaste los esos rumores acerca de mí, ¿no es así? —preguntó.

     —Oh sí, pero no te apures, la gente se alimenta de cosas falsas y…—me interrumpió.

     —No todo es falso —paré en seco, eso no es cierto.

     —¿De qué hablas? — me exalté—. Todo lo que te levantaban eran cosas enfermas, que tú estabas mal, ¿acaso eso no es mentira?

     —En cierta parte, no es nada de eso. La verdad es que jamás me gustó estar solo, desde que era niño las personas se alejaban de mí. Luego llegó una niña, ella sin impórtale su status se acercó a mí y se convirtió en mi amiga, pero por culpa de mis padres me tuve que ir, dejándola sola.

     —Creo que esa historia se me hace conocida.

     —Desde ella jamás me quise quedar solo, y de ahí nacen los rumores: que sigo a las personas y parezco acosador, esa es la mentira.

     —¿Okey?, no tienes de que preocuparte, te creo —comenté dudosa —. Oye, referente a lo que comentaste de esa niña, ¿te acuerdas de su nombre?

     —Sinceramente no, pero de cariño le decía Ami.

     Eso confirmo mi teoría.

     —No lo puedo creer, eres tú. —Lo abracé y eso lo tomó de sorpresa.

     —Sí, soy yo, ¿por qué me abrazas?

     —Jamie, soy yo Ami, Amanda, mejor dicho, me alegra que hayas vuelto. —Lo solté.

     —No puedo creer que seas tú, en serio, te extrañé, me hiciste mucha falta. —Me volvió a abrazar.

     —Pues ya estás aquí, de nuevo, espero no te vuelvas a ir.

     —No te preocupes, ya no te dejaré ir, de eso me encargo yo.

     Me apretó más fuerte y lo que dijo me sonó más raro:

     —Digo…ya regresé, el separarme de ti es lo que menos quiero.

     Ya no dije nada y nos encaminamos a la cafetería, el último lugar por mostrarle. Al llegar volvieron los rumores. James se volvió a tensar, lo noté por la forma en que sus venas se marcaron. Emily se levantó de su mesa y se acercó.

     —Al fin llegas, te tengo que decir algo en privado —miró a James.

     —Lo que sea dilo aquí, no le veo el problema —comentó James.

     —No lo creo, y tú vienes conmigo —me agarró del brazo y me llevó afuera.

     —Y bien, ¿qué me tienes que decir que no lo dices en frente de Jamie —me crucé de brazos.

     —¿Jamie?, ¿acaso ya lo conocías? —preguntó extrañada.

     —Larga historia, ya dime qué es.

     —Pues me pusieron al corriente de los rumores. James estuvo internado en un hospital psiquiátrico, al parecer escapó porque ya estaba harto de estar solo, y recibir puro calmante. También dijeron que cuando salió comenzó a tener un sin número de novias, no sé cuántas exactamente, y de ahí no volvieron a ver a ninguna, pero eso no es lo que me inquieta —se puso nerviosa.

     —¿Qué es lo que te inquieta entonces? — pregunté desesperada.

     —Pues al parecer todas esas chicas que tuvo tenían un parecido a ti, sea cabello, ojos, sonrisa, forma de ser, lo que sea.

     Eso sí me agarro de sorpresa.

     —Por eso te pido que tengas cuidado, ese chico no es de fiar…

     La interrumpí:

     —Mira, esos son rumores, él ya me contó la verdadera historia, así que no creo nada, si me permites tengo que terminar de mostrarle la cafetería.

     —Me alejé de ella y me dirigí con James.

     —¿Qué te dijo? Si se puede saber —preguntó nervioso.

     —Nada importante, cosas que tú ya me aclaraste —respondí, aunque no quedé tranquila del todo.

     El timbre sonó, James y yo ya ni alcanzamos a comer nada, pero al menos le terminé de mostrar todo, no creo que pierda. Por suerte nos tocó el mismo horario, así que lo llevé a la siguiente clase.

     —Señorita Benson, ¿puede venir un momento? —me preguntó la maestra Johnson desde su escritorio. James me hizo un ademán de que me esperaba afuera y Emily lo miro mal.

     —Dígame, ¿qué se le ofrece? —pregunté.

     —Como el joven James es nuevo necesito que lo ponga al corriente con las materias, incluyendo la mía, para que no se atrase con nada, consúltelo con él y se ponen de acuerdo, no quiero fallas, Benson.

     Esa maestra, aparte de enseñar forense es mi tutora, y cosa que pide la cumples.

     —No se preocupe, lo pondré al corriente lo antes posible —me dirigí hacia la salida, ahí estaban Emily y James, sin dirigirse la palabra. Ella sí que tomó muy enserio lo de los rumores.

     —Amm… ¿Emi? —Me acerqué a ella. —Hoy me tendré que ir con James, la maestra me pidió que lo ponga al corriente con las materias, entre más rápido mejor, y solo hoy tengo libre, espero me…

     Me interrumpió:

     —No te apures, entendí, solo te pido tengas cuidado, cualquier cosa fuera de lo normal me marcas e iré. —Se despidió de mi con un abrazo y se dirigió hacia la salida.

     Cuando me di la vuelta para decirle a James que me tenía que ir con él por lo de las materias me quedé intrigada ante su mirada; tenía una sonrisa como de feñlicidad, pero no sé de qué, esas sonrisas solo las he visto en películas, y no querrán saber qué personajes las hacen. Le comenté que la maestra me pidió pasarle los apuntes y ponerlo al corriente con las materias. Lo que me sacó de onda fue que insistió que le pasara todo en su casa, que eso de estar en casas ajenas no es lo suyo, lo cual me resulta extraño, pues cuando era mi amigo de pequeño se la vivía en mi casa. No me negué, pues entre más rápido le pasara todo, mejor. Marqué a mis padres para no preocuparlos y nos fuimos a su casa.

     Nos tuvimos que ir en mi auto. Me dijo que aunque quisiera uno no se lo podía comprar, y que mejor andaba en autobús, aparte porque así se acostumbró en Kansas. Al momento de entrar me llegó un olor muy fuerte, se me hacía reconocible, pero no recordaba bien de qué, y en serio era un aroma algo fuerte para mi gusto. Algo que también me resultó demasiado extraño es que vivía en una zona alejada, y eso de tener vecinos como que no, aparte de que sus padres no están con él. Me dijo que ellos se quedaron en Kansas, pero bueno, a lo mejor y me estoy metiendo muchas ideas a la cabeza y eso no está bien.

     —¿Amanda?, ¿sigues ahí? — me sacó de mis pensamientos.

     —Lo siento, me fui un momento, ¿ya comenzamos? —le pregunté.

     —Claro, ve a mi cuarto, segunda puerta a la izquierda, en un momento voy.

     Se dirigió hacia la cocina, yo subí escaleras y me dirigí hacia su habitación.

     Solo había cajas y una cama apenas hecha, supongo que no se ha dado tiempo para desempacar; quité algunas cosas del escritorio y comencé a colocar mis libros y libretas. Sin embargo, el olor que percibí cuando llegué se hizo mucho más fuerte, y recordé qué era: cloroformo. Me quise cubrir con una tela, pero fue en vano, poco a poco me fui desvaneciendo en el piso.

     Desperté no de la forma mas linda posible: me encontraba en un colchón, atada de manos y pies y con una venda en la boca. Todavía no recuperaba mi vista al cien, pero pude distinguir a la persona frente a mí: James. Quise hablar, pero esa cosa en mi boca me lo impedía. Él se acercó a mi y me la quitó.

     —¿Qué es lo que te pasa?, ¿por qué estoy atada? —pregunté exaltada, tratando de soltarme.

      —Ni lo intentes, cariño, esos nudos no se quitarán tan fácil. Y no forcejés, que vas a lastimar tus bellas manos. Reconstruirlas sería algo difícil.

     —¿Qué?, ¿reconstruir? ¿Escuché bien?

     —¿A qué te refieres con reconstruir? ¡Suéltame! —grité mientras seguía intentado desatarme.

     —No te soltaré, y te dije que dejaras de forcejar, te vas a lastimar.

     Se acercó a mí y me sujetó de los brazos.

     —Estás enfermo, todos esos rumores sobre ti eran ciertos. —Vi su rostro amenazante y él solo sonrió.

     —Créeme, mi amor, ser enfermo es mi especialidad, ahora tú te quedaras aquí y no dirás y harás nada, ¿entendiste?

     Me dio un beso y se levantó, obviamente no obedecí.

     —¡AUXILIO!, ¡ALGUIEN AYÚDEME!, ¡ME TIENEN SECUESTRA…

     La mano de James impidió que siguiera gritando. Lo mordí, pero fue mala idea porque me dio un golpe; luego me puso la venda en la boca.

     —¡Con un demonio!, te dije que te mantuvieras callada y lo primero que haces es gritar. Mira lo que me obligaste a hacer, pero no te preocupes, lo puedo arreglar.

     — ¡Dios mío!, ¿en qué me metí?

     James llego con algo que eso sí ya me hizo preocupar más. Traía a la mano utensilios que solo se usan en cirugía. Se acercó a mí poniéndolos al lado mío. Me iba a quitar la venda, pero antes me amenazó con que si gritaba no lo iba a pensar dos veces para asesinarme.

     —James, en serio, ¿qué es todo esto?, ¿para que quieres esas cosas? —le pregunté de la forma más tranquila posible, aunque me estaba muriendo de miedo.

     —Pues ya que preguntas, como sabes, de chiquito, después de que me alejé de ti, ya no quise estar solo. Y eso fue lo que me propuse al llegar a Kansas. Tú fuiste la única niña que evitó cualquier comentario acerca de mí, me quedé con tu imagen y lo que más quise fue encontrar a personas parecidas a ti. Fue en vano, puesto que tú eres única. Lo que te contó Emily sobre mí, que tuve una que otra novia, no lo desmiento. Me conseguía chicas con rasgos parecidos a los tuyos, pero ninguna me sirvió, sin embargo, no las quise dejar ir, pues al momento en que se juntaban conmigo ya eran mías, al igual que tú, pero como sabía qué se iban a alejar al momento en que yo les dijera que no eran lo que yo buscaba, me iba a volver a quedar solo, y eso no le iba a permitir, así que las hice oficialmente mías.

     Quitó una manta que dividía la habitación en dos y lo que vi me dejó sin palabras. Cinco chicas, todas embalsamadas, atadas para no caerse.

     Parecían maniquís, no se notaba que estuvieran muertas, cada una vestida como muñeca. Obviamente no pensaba ser la numero seis; así que comencé a forcejar nuevamente para zafarme, pero no podía. James se acercaba a mí, pero el ruido de patrullas y los toquidos en la puerta evito que lo hiciera.

     —¡James!, ¡sal inmediatamente!, sé que estás ahí con Amanda, será mejo que abras la puesta.

     Esa voz la reconocería donde sea, es Emily, pero ¿cómo dio conmigo?

     —¡Maldita sea! —renegó James.

     James me hizo la seña de que no dijera nada, y eso fue lo que hice, pues tenía un cuchillo en la mano, y lo que menos quería, era que esa cosa estuviera en mi estómago. Los golpes se hacían cada vez mas frecuentes, ahora se escuchaban las voces de los policías y sonidos de que intentaban entrar, hasta que la puerta fue derrumbada. Los policías, junto con Emily y otra voz que reconocí, la de Bruno, comenzaron a decir mi nombre y el de James, quien desato mis brazos y piernas, no sin antes amenazarme en voz baja que si hacia una tontería, ya sabía mi destino.

     Cedi, y lo comencé a seguir silenciosamente, no se muy bien que tanto hacía, creo que su propósito era salir por una pequeña puerta del sótano que daba hacia la parte trasera de la casa.

     El primero en salir fue él, y luego yo, pero cuando quisimos dar vuelta, Emily nos logró ver y gritó mi nombre para que los demás voltearan, James quiso escapar, pero los policías y los médicos se lo impidieron.

    —Será mejor que la suelte hijo, no queremos hacerte daño, por tu bien, déjala ir

    —comentó uno de los doctores

     —¡No!, ella es mía, justo como las demás.

     A lo lejos pude ver que varios policías sacaban a los cuerpos de las cinco chicas, que en serio daban miedo. Cuando James se distrajo aproveche para quitarle el cuchillo y aventarlo lejos. Él me quiso volver a agarrar, pero uno de los doctores le inyectó un calmante, poco a poco se quedó dormido. Emily se acercó a mí junto con Bruno y los dos me abrazaron.

     —Oye, ¿puedo saber cómo diste conmigo?, ni siquiera te llamé —le pregunté.

     —Acaso creíste que te iba a dejar sola con alguien que no tenía buena pinta en cuestión de estándar social, primero me vuelvo alíen — río y yo junto con ella. De la nada comencé a llorar y agradecerles, si no fuera por ellos yo sería una más de las chicas embalsamadas.

     —Gracias por ayudarnos a dar con él, desde que estaba en Kansas fue la persona ms buscada, pero sí que era listo, sabía como salirse con la suya. Si no fuera por su amiga usted sería una más —comentó uno de los policías. Emily le regresó el agradecimiento.

     Contarles la historia a mis padres, sí que fue una locura. Solo me abrazaron y le agradecieron infinitamente a Emily por no haberme dejado sola. Y no se diga los medios, fácil me quisieron hacer como diez entrevistas. Esa fue mi historia fuera de lo ordinario, nunca sabes que persona nueva llegará a tu vida, y si es así, ten cuidado no sabes si la especialidad de esa persona es estar enfermo.